A SENSELESS LIFE!

April 22, 2008 at 9:23 am | In Uncategorized | 1 Comment

Desde donde yo puedo recordar, siempre he dicho que cuando él se fuese, yo queria irme detrás de él.

Pues bien, él se ha ido; pero yo sigo aquí. Todavía no sé porqué sigo aquí. No sé ya que pinto en este mundo de farsas y mentiras, de odios y rencores, de lucha por una felicidad que de nada me va a servir.
Porque ya no me apetece estudiar, porque ni mis sueños ni mis metas tienen sentido,¿para qué?

Ya no entiendo mi existencia, el sentido de la vida… Al final ya no sólo son indiferentes  los bienes materiales, sino también lo es nuestra propia existencia. Al final.. ¿qué más da ser bueno o malo en esta vida? ¿Qué más da lo que hagamos? ¿Para qué estamos aquí?
La vida es un sinsentido.

Mis ideales, mis principios, mi filosofía de la vida…todo se desvanece.
La línea que separa el bien y el mal empieza a difuminarse, porque ya me da todo igual. Porque me corroen el rencor y el odio, porque tengo sed de venganza…y ¿para qué? Ni siquiera merece la pena…, lo sé.

Además, eso es justo lo contrario de lo que él hubiese querido.


En cualquier caso, me fallan las fuerzas.
El mundo se derrumba bajo mis pies y vuelvo a caer…, en un pozo sin fondo, por un gran precipicio…
Caigo,caigo y sigo cayendo…, pero esta vez ya no me quiero levantar… Me tienden muchas manos…, pero ya no quiero cogerlas. Quiero que me dejen caer, simplemente quiero desaparecer.

Porque ya nada tiene sentido, porque ya no quiero seguir aquí ni en ningún otro lado. Lo único que deseo con toda mi alma es desaparecer, dejar de existir, irme con él…

Ayer encontré una caracola en la playa…, una réplica exacta de la que tantas veces me enseñó. Es algo más pequeña, pero dice mi padre que es exactamente igual…Es curioso…

Hasta que yo tuve casi tres años, mis padres no regresaron de Inglaterra…; pero ahí estaba él para cuidarme.
Porque todos los días iba en el caballo a buscarme…Era: “El hombre de los caballos”…

Recuerdo un día… Tenía a lo sumo 5 ó 6 años y quería ir a su casa a toda costa. Mi padre me castigó… Fui a su casa, pero no podía moverme del comedor hasta que no me supiese la tabla de multiplicar entera…Yo no sabía ni leer, pero las matemáticas para mi padre siempre fueron muy importantes. Él me ayudó. Se quedó allí conmigo hasta que la aprendí. Y luego fuimos los dos a darles de comer berzas a los conejos, el maiz para las gallinas, la comida a los cerdos, hierba a las vacas y a los caballos…y luego fuimos monte a través a buscar las cabras… Me encantaba ir por el monte con él…
Otra vez me hizo un columpio…qué bien lo pasaba en él mientras lo veia ir de un lado para otro con sus quehaceres.
También recuerdo aquel día en que me empeñé en aprender a montar a caballo como él. Él decía que era demasiado pequeña…, pero decidió intentar enseñarme. Cuando llegó mi padre, allí estaba yo en el caballo…¡Qué cabreo pilló!
Otras veces cogiamos fruta que tenía en la huerta, o las castañas del enorme castaño que había enfrente a su casa. Por supuesto, las uvas más ricas del mundo eran las suyas (como se puso Fer con ellas el verano pasado…).
También recuerdo todas esas partidas a la brisca y al dominó hasta que las manos empezaron a fallarle…
Y por supuesto: LOS CABALLOS!


Hasta hace 3 años iba casi todos los domingos a su casa…
Luego solo podía ir cada vez que venía de Oviedo, para hacerle una visitilla rápida…
Han sido 24 años de recuerdos…hasta el final!

Siempre estaba trabajando, porque era lo que le gustaba. Siempre tenía que salirse con la suya y hacer lo que a él le venía en gana sin preocuparse por su salud. Pero tenía un corazón de oro. Siempre se preocupaba por todos y quería a todo el mundo.

Pero en septiembre todo empezó a cambiar… Su salud, sus ánimos, su entorno… Sus fuerzas decayeron, dejó de luchar y, simplemente… se dejó ir.

Hace una semana, supe que iba a ser la última vez que lo iba a ver…
Y por primera vez en mi vida (al menos que yo recuerde) he incumplido una promesa! En Semana Santa le había prometido que en verano iba a ir a pasear con él todos los días… Ahora ya no puede ser…

No sé que es lo que va a pasar ahora, ni que me deparará el futuro, pero ya me da igual. Lo único que sé es que uno de los pilares fundamentales de mi vida se ha derrumbado, y a partir de ahora empieza una nueva etapa en mi vida (o lo que queda de ella, que ojalá no sea mucho).

Es cierto que mucha gente me rodea en estos momentos, que muchos dicen preocuparse por mi…
Dicen que ahí están para lo que haga falta…Se lo agradezco mucho a todo el mundo, pero…

Sin embargo, nunca me he sentido tan vacía y tan sóla! 
Aunque ahora mismo ya no me importa eso…, ya no me importa nada!

 

 

Súplica de un anciano.

April 11, 2008 at 9:33 pm | In Uncategorized | Leave a Comment

A veces una imagen vale más que mil palabras…
Y el texto de la foto de hoy, creo que resume a la perfección todas las ideas que en estos instantes se ciernen sobre mi.

Porque todavía soy incapaz de entender toda esa maldad que impera en el mundo (y no es que yo sea precisamente una santa, pero es que hay que ver cada cosa…). Porque mi mente no es capaz de concebir tanta discriminación sobre niños, mujeres, razas, religiones, ideales, pueblos, ancianos…

Hoy me voy a basar en los ancianos, esa gente de la “Tercera Edad”. Gente con sentimientos, con una historia que contar, gente frágil en la mayor parte de las ocasiones, sensible y que simplemente son: PERSONAS, SERES HUMANOS.

Son seres llenos de conocimientos, de historias que aprender. Porque ellos siempre se desviven por sus seres queridos, y nosotros somos incapaces de apreciarlo. Porque quieren ser felices y les gustaría ver a SU GENTE UNIDA Y CERCA de ellos.

Muchos carecen ya de fuerzas, o están enfermos, solos… Los tratamos como si fuesen residuos de la sociedad, ignorando sus problemas y sus dificultades para adaptarse a la creciente velocidad que va adquiriendo la vida cotidiana con el tiempo. Olvidamos que son una gran fuente de sabiduría, conocimiento y experiencia. Hacemos caso omiso de sus sentimientos, sus voluntades y sus deseos. Son gente que queda relegada a un segundo plano en nuestras vidas, relegados al olvido.

Son engañados (con el fin de “ahorrarles un disgusto”, dicen algun@s), manipulados, ignorados e incluso abandonados en numerosas ocasiones. Se les miente para evitar su sufrimiento…, aunque muchas veces me pregunto si no será simplemente por la existencia de terceros a los que no les conviene que tengan conocimiento de la verdad o de sus verdaderas intenciones.

Pero, a veces, hay gente que se olvida de que, a pesar de su edad, tienen su propia perspectiva de la vida y que no es tan fácil engañarlos.

En ocasiones, estas manipulaciones son un simple pretexto para la obtención de beneficios por parte de otra gente, que intentan separarlos de la gente a la que realmente si les importan. Hay gente que incluso es capaz de llegar a perturbar la paz de ambientes que teóricamente han de ser tranquilos para ellos y su salud, sólo con el fin de alcanzar sus propias metas; olvidándose del perjudicial y nefasto efecto que puedan ejercer sobre sus mayores y del sufrimiento que con ello puedan causarles.
Triste, pero cierto.

En muchísimos casos, las herencias juegan un papel de gran relevancia. Algo incomprensible, pero real como la vida misma.
Sinceramente, puedo entender que alguien pueda querer tener un pequeño recuerdo de sus seres queridos,pero nada más. Esos temas me parecen un tanto absurdos. Se generan disputas y discusiones cuyo resultado final es la separación y el distanciamiento de la familia.

En mi caso, por ejemplo, mis anhelos hereditarios se limitan a pequeños objetos que me traen algún recuerdo especial.

Por ejemplo, cuando me vine a Oviedo, hace ya casi tres años (que se dice pronto), le pedí a mi abuelo un viejo reloj. Es un viejo reloj de bolsillo que se trajo de Suiza y que ni siquiera funciona. Sin embargo, no tengo la más mínima intención de arreglarlo, entre otras cosas, porque quiero conservarlo tal y como me lo dió mi abuelo. Y aquí estoy ahora, con el reloj de mi abuelo encima de mi mesilla de noche. Lo miro y vuelven a mi gran cantidad de recuerdos. Porque los mejores recuerdos de mi infancia los pasé con mi con mi abuelo,y ese reloj estaba siempre en su bolsillo; lo recuerdo como si hubiese sido ayer…Cada vez que miro ese reloj, es como si mi abuelo estuviese a mi lado, y eso es todo lo que necesito. Esto es lo que hace que, a pesar de la distancia y de todo el tiempo que pasa hasta la vuelta a casa, no sea tan duro estar tan lejos.

Ese reloj representa para mi a mi abuelo, su cariño, su generosidad, su bondad, su sinceridad, su confianza, sus contagiosas ganas de vivir la vida, su filosofía de vivir siempre haciendo lo que le gusta, su buen humor, su rebeldía, su tozudez, su autenticidad, y todos esos recuerdos son toda la herencia que va a prevalecer en mi. Porque es la persona que más he querido, quiero y querré nunca en el mundo. Porque es el mejor abuelo del mundo, mi héroe de la infancia y uno de los principales pilares de mi vida. Todo eso y mucho más es lo que representa para mi un simple reloj.

Es quizás por eso que podría decir que esa “antigualla” es mi tesoro más preciado.

Por lo demás, yo sigo con mi filosofía de aspirar a ganarme las cosas por mi misma, me parece mucho más gratificante y eso me aporta un cierto grado de realización personal que no me daría ninguna herencia por grande que fuese. Además, a día de hoy, hay mucha gente en el mundo que, probablemente, la necesitaría más que yo; porque no todo el mundo puede permitirse el lujo de tener un techo donde dormir, tener comida todos los días en la mesa, poder estudiar, tener cientos de electrodomésticos, muebles y toda clase de hábitos que son perfectamente prescindibles.

En cualquier caso, hay que reconocer que en muchas ocasiones no nos damos cuenta de la falta que nos hacen nuestros mayores hasta que los perdemos o hasta que se alcanza su edad. No será hasta entonces cuando trataremos de luchar por que se nos valore, y no será hasta entonces cuando nos percatemos de todos los errores que hemos cometido a lo largo de nuestras vidas.

Ojalá seamos capaces de reflexionar y aprender a valorar a todo ser que nos rodea antes de que sea demasiado tarde para poder hacerlo. Porque solo así podremos alcanzar un mínimos grado de felicidad y satisfacción con nosotros mismos….

Porque, como bien dice el poema, ellos en alguna ocasión también fueron niños…

 

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